AUTORES

  1. Marcela Arias Barredo. Médico Unidad de Ortogeriatría Instituto Nacional de Geriatría. Santiago de Chile.
  2. Maria Carolina Peña Nacrur. Terapeuta Ocupacional, Unidad de Ortogeriatría Instituto Nacional de Geriatría. Santiago de Chile.
  3. Anakena Ibaceta Díaz. Estadística. Santiago de Chile.

RESUMEN

Las primeras Unidades de Ortogeriatria se crearon en los años 60 en Reino Unido como centros para atender a pacientes “subagudos” tras un tratamiento inicial en las salas de Cirugía Ortopédica. En los años 80 y 90, muchos servicios de Geriatría designaron especialistas para actuar como consultores en las salas de traumatología y colaborar en el tratamiento de los pacientes con fractura de cadera durante el período de ingreso. En los primeros años del siglo XXI se crearon unidades conjuntas bajo la responsabilidad compartida de ambos especialistas, en las que el traumatólogo y el geriatra lideraban el tratamiento desde el primer día del ingreso, coordinando los pasos a seguir durante todo el proceso de tratamiento intrahospitalario. En este escrito se describe la incorporación de un modelo de atención geriátrica como es la Ortogeriatria en un hospital público de atención general de adultos, relacionando un equipo interdisciplinario de Geriatría con un equipo de Traumatología, promoviendo así el trabajo en red de dos equipos de especialidades y centros asistenciales diferentes. El equipo de traumatología estaba compuesto por traumatólogos y residentes de traumatología, el equipo de geriatría incorporaba médico geriatra, terapeuta ocupacional, kinesiólogos, fonoaudióloga, nutricionista y personal de enfermería (enfermeras, técnicos paramédicos y auxiliares de enfermería) Se evidenció que la unidad de Ortogeriatria, presentó edad promedio 82.7 años, Personas Mayores con comorbilidad 89.7%, fallecimiento 5.4% y estancia hospitalaria promedio prequirúrgica 9 días, post quirúrgica 15.9 días.

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DESARROLLO DEL TEMA

La patología traumatológica y ortopédica es prevalente en las personas adultas mayores (PAM), por lo que un porcentaje elevado de las camas de los servicios de cirugía suelen estar ocupadas por PAM con diagnósticos relacionados con traumatología. Estos pacientes tienen diferentes características dentro las cuales destacan: pluripatologías, polifarmacia, deterioro cognitivo, alteraciones psicoafectivas, déficits sensoriales y/o fragilidad social. Habitualmente estos PAM son manejados por el traumatólogo, con ayuda de diferentes interconsultores entre los que se encuentran: medicina interna, cardiología, broncopulmonar, nefrología, psiquiatría endocrinología, Infectología, dando una mirada especializada desde su perspectiva individual, pero alejada de la mirada integral y holística del médico geriatra 1 . Las primeras experiencias de unidades de Ortogeriatría datan de los años sesenta, proceden de los hospitales de Hasting y Stokeon-Trent, en el Reino Unido, este esquema nació desde la colaboración entre un Servicio de ortopedia situado en un hospital con actividad quirúrgica y una Unidad de Geriatría ubicada en otro hospital cercano. Existen otros ejemplos en diferentes partes del mundo destacando: Estados Unidos y España donde se ha desarrollado el modelo de equipos consultores geriátricos, en Alemania y Austria se ha instaurado el modelo de un geriatra como co-tratante en un Servicio de Traumatología, y Australia donde se ha trabajado en formar equipos geriátricos que realicen actividades de colaboración para la decisión de ingreso a un Centro médico hospitalario para manejo médico o quirúrgico. Chile no ha estado ajeno a estas experiencias de trabajo entre ambas especialidades, donde existen algunas iniciativas al respecto como el Hospital Geriátrico de Limache en conjunto con el Hospital Gustavo Fricke, Hospital Clínico de la Universidad Católica de Chile 2 .

Modelo de atención cerrada Ortogeriatría:

El objetivo de este trabajo es dar a conocer el modelo de atención cerrada para Persona Adulta Mayor (PAM) con patología traumatológica: Unidad de Ortogeriatría, sus características y funcionamiento. La patología traumatológica y ortopédica que puede presentar una PAM es muy variada, siendo la fractura de cadera una de las patologías más frecuentes, requiriendo tratamiento en un medio hospitalario de atención cerrada. Las recomendaciones de atención deberían estar perfectamente protocolizadas, en donde, el plan de tratamiento tiene que ser individualizado, por un equipo interdisciplinario, teniendo en cuenta la situación funcional previa a la fractura, tanto física, cognitivo, afectiva y social. El objetivo del tratamiento es lograr el nivel de funcionalidad física y mental que tenían las PAM previo al ingreso hospitalario 3 . En abril del año 2010 se formalizó una alianza estratégica entre dos hospitales públicos, conformándose la Unidad de Ortogeriatría que funcionó en una sala de cirugía general con 19 camas dependiente de un centro asistencial donde se encontraban los pabellones de cirugía, otorgando el personal de salud del segundo centro asistencial en jornada completa para la atención clínica directa del usuario. Contaba con un equipo interdisciplinario conformado por: médicos geriatras, kinesiólogo/a, terapeuta ocupacional, fonoaudiólogo/a, nutricionista, trabajador/a social, enfermeros/as, auxiliares de servicio y técnicos paramédicos 4 . Esta persona mayor es considerada frágil, producto de sus comorbilidades, polifarmacia, riesgo de complicaciones intrahospitalarias, frecuencia de fragilidad social o alteraciones físicas; teniendo un requerimiento preoperatorio específico, para disminuir el tiempo de estada y el riesgo anestésico-quirúrgica recomendándole compensar las patologías previas en el menor tiempo posible, con una cirugía entre las primeras 24 a 48 horas desde la fractura. El período preoperatorio es un momento crítico en la evolución pudiendo descompensarse las patologías crónicas retrasando o suspendiendo la posibilidad de cirugía, requiriendo un seguimiento diario de su situación clínica. Se recomienda prevenir la aparición de nuevas complicaciones, como: síndrome confusional agudo, infección del tracto urinario, constipación, retención aguda de orina, desnutrición, anemia, lesiones por presión, deshidratación y alteraciones hidroelectrolíticas. Estas patologías complican el momento de la cirugía, empeoran el pronóstico vital, aumentan la mortalidad hospitalaria, alargan la estancia hospitalaria y ensombrecen el pronóstico funcional. Para su tratamiento oportuno deben ser diagnosticadas lo antes posible, requiriendo para ello un equipo formado en el área de la geriatría, el que sepa pesquisarlas y tratarlas en forma precoz. En el periodo prequirúrgico es de vital importancia atender todas las aristas clínicas y funcionales, entre las que destacan una buena ingesta alimentaria para evitar y/o tratar desnutrición, realizar un tratamiento analgésico adecuado, disminuyendo el miedo a la movilización y así promover la rehabilitación durante toda la hospitalización, prevención del síndrome confusional agudo altamente prevalentemente en este grupo etario, promoviendo el uso de órtesis como lentes ópticos o audífonos, previniendo el aislamiento producto de los déficit sensoriales, evitar tratamientos invasivos que dificulten la movilidad (catéteres urinarios, vías intravenosas, sondas enterales), evitar contención física innecesaria, realizar terapias de orientación a la realidad, movilización general a diario, promover un manejo ambiental adecuado durante la hospitalización potenciando la funcionalidad lograda por la PAM, tratamiento mediante dieta, hidratación y medicación de la constipación promovida por el inmovilismo. Respecto de la rehabilitación, se debe promover su realización en forma precoz desde el ingreso del paciente en el período preoperatorio5 . En la etapa postoperatoria inmediata se promueve la movilización progresiva iniciando con la movilización pasiva, aun con el drenaje posquirúrgico presente, sedestación en cama, sedestación en silla de ruedas, independizar en traslados en silla de ruedas, bipedestación con carga progresiva según autorización del traumatólogo6 . La última etapa de la rehabilitación es la marcha en sus diferentes modalidades: supervisada o no, con carga o sin ella, con órtesis tipo andador o bastones ortopédicos, previo al egreso hospitalario se tiene que evaluar marcha y entrenar no solo al paciente sino al cuidador en la forma segura de realizarla 7 . Si bien la rehabilitación se inicia en la etapa preoperatoria y luego en el postoperatorio inmediato, esta no se completa durante la hospitalización derivándose a servicios de rehabilitación según las características de cada paciente (funcionalidad social, funcionalidad física, tipo de cirugía, autorización de carga o no, objetivos de rehabilitación actual) pudiéndose realizar en la atención primaria, secundaria o en un sistema de atención cerrada. En 170 personas evaluadas durante el ingreso durante abril – octubre de 2011 se determinó que 7,1% de ellos vivían solos, 78,3% con algún familiar y 12,9 % estaban institucionalizados8 .

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